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Eran considerados combatientes letales y muy eficientes. De hecho desde que nacían eran iniciados en el ate del manejo de la honda. Una de las pruwbas que hacían las madres con los retoños era colocarles la comida en una rama y no probaban bocado hasta que no eran capaces de derribarla con su honda de una certera pedrada.

El material de la honda era diverso: se utilizaban manojos de fibra vegetal, lino, esparto o incluso crines de animal, tripas o nervios entrelazados de algún animal. El proyectil o bala era de piedra o de plomo. Alrededor de unos 100 gramos y un diestro hondero podía lanzar con destreza a distancias que rodaban los 100 metros. Luchaban en 1ª línea como infantería ligera y junto con los arqueros eran los encargados de romper las líneas enemigas, y no había armadua ni escudo que soportara esos impactos. Después dejaban paso al resto del ejército que iniciaba la carga.
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Iban siempre armados con tres hondas, teniendo cada una de ellas un uso iferente: La pequeña atada a la cabeza se empleaba para disparos a corta distancia; la atada a la cintura para proyectiles de mayor tamaño o larga distancia; la tercera, más manejable, la llevaban siempre en la mano.
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Su valor y pericia les convirtió en famosos soldados. A lo largo de todo el Mediterráneo combatían como mercenarios. Normalmente cobraban por sus servicios en especies, cosas que escaseaban en las islas como vino, especies o mujeres. Participaron en la guerra greco-púnica como mercenrios a favor de los fnicions y en las guerra púnicas a favor de los cartagineses. Tras el sometimiento de loas Baleares por Roma (tardaron dos años enteros en someter las islas), pasaron a formar parte de las tropas auxiliares rmanas y combatieron junto a Julio César en su conquista de la Galia.
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